Los elementos: Maps and legends

Seré breve: Si se va al campo con actitud de excursionista concienciada/preparada y se molesta una en llevar un plano con la ruta detallada, conviene no posarlo junto al precipicio de la cima en la que hemos hecho cumbre para sacar fotos, so pena de que una ráfaga de viento traicionero se lo lleve volando al frondoso fondo del barranco matarile rile rile. Incluso a pesar de haber conseguido memorizar unas vagas instrucciones tipo: “Pues ahora al Noreste y luego otro rato hacia el Sur”.
Así es dudoso que se entre en ninguna leyenda de la exploración; todo lo más en alguna tipo relato de terror para domingueros de la monta?a como el “El proyecto de la bruja de Blair” (Y sí, ya me he visto en esas).
Otro memorando para mí misma: Si conviene tener en cuenta el poder del elemento aire, no hay que despreciar el del fuego, aunque sea en sus versiones más caseras/domesticadas/ enlatadas. O dicho de otro modo: no poner nunca el microondas para que alcance la temperatura “escaldar seres vivos” o por lo menos no coger el recipiente después con las manos desnudas. Una simple crema de verduras se puede convertir, entonces, en un arma de abrasión.
Hm... Supongo que lo siguiente es andarme con ojo con el agua. Lo de morir por tierra de momento se lo sigo dejando al Sr. Poe y a Uma en Kill Bill.

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