skatterbrained kat

una despistada

20060711

El misterio tuppergüar y el champú de filiación ambigua

Últimamente estoy muy ocupada para hacer el mantenimiento de esta bitácora de navegación como es debido, pero, claro, los despistes continúan, así que voy a hacer unos apuntes de al menos alguno de ellos. Más que nada para tener un memorando que me recuerde que debo intentar acordarme (mejor) de las cosas:

  1. Quiero creer (cita friki) que esto lo hice como un homenaje inconsciente (momento gafapasta) a uno de los maestros indiscutibles de la literatura mundial (egocentrismo hiperbólico y desaforado modelo “aquienco?oleimportará pero quien lo dice no parece saberlo”. Por si aún no se han dado cuenta los paréntesis subrayan cómo mi frase cumple con todos y cada uno de los requisitos que se le suponen a una bloguera de pro, ele).

Va por Ud., Sr. Poe:

Comida en la ofi. Saco el tupper de la nevera en lo dejo en alguna parte. En alguna parte que tras buscar los cubiertos e intercambiar comentarios con algunos compa?eros no consigo recordar. Despiste tonto, jeje- comento en voz alta. A los 15 minutos el despiste divertido ha dejado de tener ni p. gracia. El hambre aprieta. Una compa?era, intrigada también por cómo la cajita plástica con comida se ha volatilizado delante de nuestras narices, me ayuda en su búsqueda. Revisamos la mesa. Revisamos la encimera y la nevera. Revisamos las baldas de cada uno. Revisamos el ba?o y hasta la zona de los percheros. –Obsérvese como la pérdida de memoria conlleva la aliteración.-

Nada por ninguna parte.

Otro compa?ero se nos une y me vuelven a pedir una descripción.

“Es un tupper estrechito con una tapa clanca” –digo al borde de la conmoción. Debería haberle sacado una foto cuando tuve la oportunidad. Uno nunca presta demasiada atención a lo que tiene hasta que lo pierde, es cierto.

Y mientras termino la frase poso la vista en el tupper cuadrado de tapa verde que hasta entonces he presupuesto perteneciente a uno de los comerciales. Y al fin caigo en que no, que es el mío. Si hubo uno como el que describía, pero a última hora de la noche anterior trasvasé su contenido al actual por ser el otro precisamente menos espacioso. Pese a su cortedad, por lo visto, yo seguía echándole de menos (No hagamos de esto otro tipo de lecturas que las literales, plis).

Así que como en “La carta robada” y como en la vida misma, una vez más, lo más precioso estaba escondido en lo evidente.

  1. De viaje por la gran ciudad llega el momento de cambiar de hostal. Le digo al chico que está conmigo que recuerde recoger todas sus cosas. Echo un último vistazo al ba?o y recojo el gel y un champú que no recordaba haber llevado. Menos mal, por que me lo ha prestado mi compa?era de piso mientras repone el que ella me terminó.

Al llegar a casa me apercibo que la botella de champú tiene una hermana gemela esperando en su repisa de la ba?era. En realidad es que a esta no la conocía de nada, y si me hubiera fijado más habría descubierto que en realidad sus letras estaban en inglés (aunque para entonces yo no era capaz de diferenciar los dos idiomas.)

Mi compa?ero de viaje aún no me ha dicho ni mú. Supongo que piensa que es una tontería estropear una bonita amistad a causa de una peque?a cleptomanía. O de un principio de usura.

1 Comments:

  • At vie ago 11, 12:03:00 p. m. 2006, Anonymous Anónimo said…

    Esta última es el menos grave de tus despistes, es de esos que que piensas, "le puede pasar a cualquiera". ?No será que te estás corrigiendo?

     

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