Abandonos

Al primero lo dejé yo, tras una discusión en un taxi. El segundo me dejó a mí, inadvertidamente, mientras estaba ocupada pugnando –otra vez- con múltiples bultos en el metro. El uno negro, el otro ciruela, pero ambos formaban parte de mi armario. No sé si es un boicot de mi subconsciente para hacerme sentir menos culpable si decido ir de compras. El caso es que todavía espero –secretamente- que alguno de los dos reaparezca.

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